Por Salvador Montoya/Escritor
En la excepcional novela Nocturama, describe la escritora psicoanalista Ana
Teresa Torres la vida de un personaje que busca saber quién es, en medio de una
ciudad caótica y desenfrenada: “Leyó el
diario sin ningún interés, daba noticias de un lugar que no significaba nada
para él, pero al menos sabía el nombre de la ciudad. Nunca había estado en
ella, no era sino un punto más en el mapa, sin embargo, era el punto en el que
estaba” (Ana Teresa Torres, Nocturama,
Caracas, Alfa, 2006, p. 6-7). La búsqueda
de darle sentido a lo que vivimos nos sumerge en un pandemónium de luces y de
sombras, de certezas y de dudas, de realidades y de espejismos. Ulises Zero,
el héroe de la novela de Ana Teresa Torres gira en sus desaciertos, muda su voluntad,
se cohíbe de utopías y descree de la justicia. Esos estados los vive la persona
desmemoriada, afligida por no estar segura de sus valores y de sus principios. Un alma se convierte en pandemónium al
exiliar la esperanza de sus actos. Afirmaba ese olvidado escritor marabino,
genial y volcánico, Andrés Mariño Palacio que: “Si las inteligencias –como lo soñara Huxley en sus utopías- tuvieran en
sus manos las riendas de la humanidad, quizás la vida sería un poco más simple
en cuanto a experiencias y adelantos técnicos, pero ganaríamos muchísimo, ¡casi
un Paraíso recobrado!, en cuanto a ejercicio de la vida por el mismo hecho de
vivir” (Andrés Mariño Palacio, Ensayos,
Caracas, Editorial Arte, 1967, p. 121). Ser un punto más en el mapa es doblegar
la voluntad de vida ante lo mediocre. Por tanto, ejercer la vida buena es liberar las fuerzas creadoras de esperanza, es
estar poseído por lo justo de lo humano: su espiritualidad triunfante.
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